miércoles, enero 17, 2007

Esas barflys

Tengo que decirte algo. Si un hombre llega con una botella de whisky, me temo que me iré con él.

Wanda Wilcox- Faye Dunaway


A la tercera copa, me empiezo a sonrojar y a poner tontuna, a la cuarta ya pedaleo haciendo partícipes a todos de mis teorías conspiranoias. A la sexta es probable que me recojan del suelo mientras balbuceo algo sobre la matrix.

Gracias a Thor, me sé controlar, lo que no quita que sienta una enorme fascinación por las mujeres que se dejan caer – siempre en solitaria presencia- por el bar de turno y salen un par de horas más tarde, sin despeinarse el flequillo, con su hígado de hierro a otra parte para proseguir ahondando en los matices de su infierno personal.

La diferencia básica entre las mujeres y los hombres alcohólicos es que ellas no suelen dar tanto el coñazo. Desde luego, en proporción – al menos a la vista y no ahogándose solas en vodkazos en la fría casa que antes fue un hogar – hay muchas menos pero, mientras que ellos demuestran tener una predisposición total para entablar conversaciones ridículas con cualquier incauto; ellas, aunque amables, no están ahí para hacer amigos y como mucho sonríen condescendientes ante el pollafloja que les invita a una copa. Los habituales saben que esas piernas no se abrirán, pues la fémina tiene ya un amor de nombre Jack, de apellido Daniel.

Todavía estoy esperando a que la UNESCO admita mi proposición para conseguir que la carrera de las medias de la Rubia de la Coctelería Manhattan llegue a ser considerada patrimonio de la humanidad. La he visto tantas veces, en el mismo sitio, a punto de romper las cadenas del nylon y, sin embargo, permaneciendo en el mismo lugar, antes de que el muslo prieto asome sus carnes sin satinar. Continúa inalterable, como el cartel conceptual del Cóctel del día que el barman del Manhattan – geniales camisetas Miami Beach- deja colgado en la pared durante un largo mes.

La Rubia, con la cara pintada sin ninguna intencionada sobriedad, deja entrever la pequeña flojera del delirium tremens a mediodía. Todo lo contrario a la barfly de vinatería, que apenas luce maquillaje. Colorete no necesita, pues se pueden intuir las finas venas correteando por su mejilla y formando un detallado mapa de la Ribera del Duero.

Tampoco lleva tacones y se mueve con discreción. Puede utilizar eufemismos del tipo “ponme una” y no “otra”, como si la anterior copa nunca hubiera sucedido.

No va allí cada día a paladear los taninos ni el fino aroma a roble. Rosado o blanco, pero siempre el segundo más barato de la carta. Paga con puntualidad cada vez que se le sirve, depositando el dinero delicada y silenciosamente sobre la barra.

Hay una, en especial, a la que observo con admiración. El otro día estaba tan cerca de ella que pude escuchar un fragmento de su conversación por el móvil:


- No, está con su padre.
- No sé por qué no me deja verla.
- Ya.
- Estoy en la calle, para que me dé un poco el fresco.
- Es que meterme en casa me agobia.

(...)


Bienaventuradas sean las divorciadas que llenan con una botella el hueco que les dejaron en la cama doble.

11 comentarios:

Camilo de Ory dijo...

Sabe escoger usted sus referentes éticos y estéticos, señorita Girl.

En mi juventud, cuando aún no era bello, aprendí a interesarme siempre por la chica más borracha, no por la más guapa. Está demostrado que las borrachas ligan más.

El Gran Chimp dijo...

Hallo KKgirl kann ich nicht es lassen gehen mehr: Ich will sie einladen, einen Bourbonen in meinem kleinen Haus des Berges zu nehmen.
Dann bereits werden wir sehen.
Jack Daniel's oder Daniel welch bevorzugen Sie.

Camilo de Ory dijo...

FE DE ERRATAS

Donde dije:

"En mi juventud, cuando aún no era bello, aprendí a interesarme siempre por la chica más borracha, no por la más guapa. Está demostrado que las borrachas ligan más."

Quise decir:

"En mi juventud, cuando aún no era bello, aprendí a interesarme siempre por la chica más borracha, no por la más guapa.

Está demostrado que las borrachas ligan más."

Lo primero no es consecuencia de lo segundo: lo segundo es consecuencia de lo primero.

Miriam (flxt) dijo...

En mi caso yo no sé porqué ligo más: si por estar siempre en la barra con un whisky en la mano, o por mi infinita belleza. No lo sé, no lo sé...
En otro orden de cosas, desde que mi madre se divorció, no sé si llena con una botella el hueco que le dejó mi padre, pero lo que sé es que desde entonces parece que le quitan años en vez de cumplirlos. La muy jodía...cada día está más buena. Me lo dicen todos mis amigos e incluso mis amigas y algun que otro animal de compañía.
Buenos días tenga usted, señorita K!

Pussy Galore dijo...

"La diferencia básica entre las mujeres y los hombres alcohólicos es que ellas no suelen dar tanto el coñazo"

Se nota que usted no me ha visto borracha :)

Kaleidoscope Girl dijo...

Pussy, me gustaría matizar (Dinio dixit):

Una cosa son las borrachas y lo pelmas que podemos llegar a ser estándolo y otra las señoritas alcóholicas que le dan al drinkin drinkin cada mañanita del rey david.

Yo no sé, pero cubierta en vómitos pierdo mucho.

Eddy Lebowski dijo...

Yo creo que las que ligan más son las que quieren, da igual que sean guapas, feas, flacas o gordas. Y las/os borrachas/os casi siempre quieren.

Folken dijo...

tope lol picaruela, subcultura y alcoholismo son el prefacio de libros con mariposas de cartón. Y The Postman mola más.

Como siempre, Eddy es quien más sabio resulta al final, aunque chimp no se retrasa al hablar de bourbonen, a pesar de que la fermentación rápida del bourbon sin filtrar es peor para el estómago, y seguro que tiene trazas de metanol, aunque no lo puedo asegurar.

sin dijo...

Ojalá que en vez de dar el coñazo pusieran un cartel de "Libre" en el "coñazo".

Dos_Unobe dijo...

Por regla general, cuanto mas guapa menos conversación. Tanto interesante como no.

Por regla general, cuanto mas guapa menos importa su conversación. Tanto interesante como no.

engelson dijo...

a mi me fascina la frase de la Dunaway del principio del post, en una yonki sería entrañable, pero en este caso es una borracha de mierda